sábado, 23 de septiembre de 2017

Experto en Lunas IV. Cuento.






Recordó entre cabeceos que fue la primera vez que lo nombró con ese apelativo y que lo continuó haciendo hasta el día de ayer en que pronunció sus últimas palabras. Se durmió profundamente.

Cuando lo despertó un apenas audible pero constante ruido en la lámina transparente -que hacía de tragaluz- sobre su cabeza, la vieja carta seguía en sus manos queriéndose resbalar y la guardó en el bolsillo. Notó que el ruido lo producía un pajarito que daba brincos cortitos muy peculiares y picoteaba la lámina. Se alzó desperezándose y vio por la ventana cómo el amanecer vencía a la oscuridad en una segunda penumbra.

Casi enfrente, al fondo, su madre y ella sorbían sendas tazas de café. El muchacho que las atendía lo invitó a degustar. Se acercó pronunciando un amable:

“buenos días mis mujeres tristes”. 

“Negro y sin azúcar por favor”. -  Pidió.

“Con mucho gusto. Veo que al señor lo despertó el pajarito. Es la mascota de la casa que viene por su desayuno”. – Respondió el chico.

“A propósito de desayunos, debo dárselo a la luna”. -Dijo a su madre, apresurando la reconfortante bebida.

- Ella asintió con la cabeza y una ligera sonrisa.

“¿Me acompañas?” -pidió a su amiga de la infancia y adolescencia.

“Claro ¡Faltaba más ¡”.  - Respondió, colocando la taza en la carretilla y dándole un beso en la frente a la anciana.

“Ya regresamos” -Dijo.

Por la puerta principal de la funeraria, que alguna vez fue el garaje de la casa, como había anunciado el muchacho del café, entraba por su desayuno el pajarito al que le faltaba la mitad de su ahuecada pata izquierda.

“Dicen los que saben, que estos pájaros son descendientes directos de los dinosaurios” -comentó.

“Mírale ese penacho estilo punk. Se parece al del Tyranosaurus no sé qué” -agregó.

“Estoy hablando como mi padre, que de todo sabía un poco”. -Concluyó ruborizado.

“¡Vaya si no ¡”.  -dijo ella.


Caminados unos metros sobre la acera y al pasar al lado de la ventana, vieron como la anciana, desde adentro los saludaba con esa sonrisa que la acompañaba desde anoche. Ellos se vieron a los ojos lastimados por el duelo, en medio del cual un antiguo romance truncado, parecía renacer.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Experto en Lunas III.







Washington, 14 de julio de 1961

 Queridos míos: …

...En todo caso tengo la residencia y el primero del mes entrante comienzo a trabajar aquí, en las oficinas centrales de un Programa impulsado por el Presidente para enviar un hombre a la luna y regresarlo. Me llamaron por mi título de maestro, por el último año que trabajé operando perforadoras IBM aquí, por mis conocimientos de idiomas aprendidos en el seminario, y por supuesto por ser veterano de guerra.

Me van a dar un curso preparatorio de cuatro meses, con sueldo mínimo, antes de entrar directamente al trabajo y entonces ya voy a ganar bonito. Alégrense mis amores. A los veinticuatro años empiezo a realizar mi sueño americano…

Espero llegar en diciembre al terminar el curso para comer el tamalito juntos para nochebuena.

 Los quiere mucho,

Desiderio.

PD: No vayan a creer que esto es un jardín de rosas (de rozas, a lo mejor) Hay mucha oposición al Programa de JFK. Dicen muchos, entre ellos una señora italiana que pasó por aquí dando una conferencia, que dijo en italiano con traducción simultánea al inglés, y yo por supuesto no usé audífonos porque como saben “capisco un po”, pero traduzco directamente del paper que entregaron al final, las partes principales:

“No hay vez en que oyendo hablar de lanzamientos espaciales, de conquista del espacio etc., yo no encuentre tristeza y fastidio, y en la tristeza hay temor, en el fastidio irritación, quizás aversión y repudio. Me pregunto porqué.

Es un lujo pagado por multitudes que ven disminuir cada día más, su propio paso, la propia autonomía, la inteligencia misma, el respiro, la esperanza, Esto se volverá en breve un nuevo territorio de caza, de progreso mecánico, de carrera a la supremacía, al terror.

No puedo hacer nada, naturalmente, pero esta nueva avanzada de la libertad de algunos (países progresistas) no me gusta”.

Complicado todo esto, pero yo también mis tesoros, como otros seres humanos, soy dado (pero eso no quita que yo no progrese. Ya te contaré mi amado Apolo) a considerar la inmensidad del espacio que se abre más allá de cualquier horizonte, a preguntarme qué cosa es verdaderamente, qué muestra, dónde inicia y si tendrá fin.